Ilustración y muralismo como herramientas de inclusión: la voz visual de una artista autodidacta

Desde muy pequeña Vannesa Quiroz, se relacionó con el dibujo. Como muchas personas, comenzó trazando líneas sin saber que algún día ese gesto se transformaría en un lenguaje propio. Aunque inicialmente no lo visualizaba como un camino profesional, su formación en diseño gráfico le permitió integrar la ilustración como un componente esencial de su trabajo creativo. De forma autodidacta, fue incorporando sus dibujos a diversos proyectos hasta dar el salto al gran formato: hace poco más de un año, comenzó a trasladar su estilo ilustrativo a muros, fusionando el arte urbano con su mirada personal.

El proceso creativo: investigar, sintetizar, comunicar

Sus creaciones, ya sean por encargo o proyectos personales, comienzan siempre con un proceso de investigación. A ello le sigue una etapa de búsqueda de referentes visuales, los cuales le permiten construir un imaginario coherente y significativo. Para esta artista, no se trata simplemente de ilustrar: cada trazo lleva consigo una intención. La inclusión, la identidad de género y el feminismo son temáticas centrales en su obra, y cada elemento que aparece —colores, formas, personajes— está pensado para reforzar un mensaje claro: todo comunica, nada es azaroso.

“Mis obras están construidas para dialogar con el espacio y con quienes las observan. No busco decorar, sino provocar reflexión y conexión”, señala la artista.

Brechas persistentes en el mundo del arte

Desde su experiencia, las desigualdades de género en el ámbito artístico son evidentes. La brecha entre hombres y mujeres persiste, y en muchos casos, se profundiza. La precariedad y la inestabilidad afectan con más fuerza a las mujeres artistas, especialmente a quienes también asumen roles de cuidado o crianza. Muchas veces, deben postergar su desarrollo artístico ante la necesidad de trabajos paralelos que aseguren un ingreso estable, relegando la creación a espacios secundarios.

El mural como espacio democrático y transformador

El paso al muralismo no fue casual: para ella, el arte en gran formato permite un vínculo más directo y democrático con el espectador. El muro se convierte en un lienzo de alto impacto social, accesible para cualquier transeúnte, sin barreras económicas o institucionales. En sus murales, busca integrar temas que han sido históricamente marginados: la identidad de género, las disidencias sexuales, y el rol activo de las mujeres en la transformación social.

Una de sus obras más significativas es «Si me ves, existo», un homenaje a las transmasculinidades y disidencias. Esta pieza no solo ha generado reconocimiento, sino también conexión emocional. Ha recibido mensajes de personas que, al verse representadas en el espacio público, sienten por fin que tienen un lugar en la sociedad.

“Que alguien se emocione al verse reflejado en un mural es quizás la mayor validación que puede recibir una obra”, comenta.

Su trabajo continúa, desde muros que dialogan con las calles hasta ilustraciones que desafían estereotipos, con un compromiso firme: usar la imagen como una herramienta para visibilizar, integrar y transformar.

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